1. Soy arquitecto renegado.

Antes de estudiar Diseño, estudié Arquitectura en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid. Acabé la carrera. Pero no me siento arquitecto. Desde la mitad de la carrera supe que acabaría siendo diseñador gráfico. Dedicaba más tiempo a idear el concepto del edificio, y crear imágenes y presentaciones visuales impactantes que a calcular sus estructuras y dibujar sus planos constructivos. ¿Con qué me quedo de mi paso por Arquitectura? Con un perfeccionismo compulsivo, una aversión al diseño vacío y un nivel de autocrítica insano. ¡Gracias, ETSAM!

2. Me tenían manía.

Estudié en una de las escuelas de diseño más prestigiosas (y caras) de España gracias a una beca que me concedieron por concurso. Fui el primero de la clase y tuve la nota más alta en mi Tesis. No es de extrañar que muchos compañeros de la escuela (y algunos profesores jóvenes) me tuviesen manía. Les comprendo. A mí tambien me caería gordo un tipo así.

3.Me llamo Jan (o no…).

Es mi nombre artístico. Mi verdadero nombre es Alejandro Gallego. He trabajado bajo ese nombre varios años. Pero cuando alguien lo buscaba en Google, aparecían toda clase de resultados, cada uno más desastroso que el anterior: un bailarín celebrity argentino muy ligero de ropa, un actor de una famosa sitcom española e incluso el hermano del famoso cantante Luis Miguel. Si tenía que comunicar que me dedico a crear marcas únicas, yo también debía ser una marca única. Y así, de paso, evitaría ser confundido con un stripper. Decidí rebautizarme como Jan Gallego tras la ayuda de varias personas y un decisivo viaje a Holanda.

4. Soy un adicto (al luxury branding).

Todo empezó hace años de la mano de una de mis clientes más queridas. Todavía no nos conocíamos del todo bien y cuando le presenté los diseños que había hecho para su nueva identidad visual, me dijo muy educada y con una sonrisa: “Yo es que soy muy monocromática”. Agradecí su diplomacia. En las conversaciones siguientes descubrí un mundo visual sutil, que premiaba la atemporalidad y el extremo cuidado en los detalles. Poco a poco descubrí que los valores luxury encajaban bastante con mi filosofía: artesanía, cariño, dedicación, creatividad, innovación, exclusividad. Inspirar más que el resto sin ser necesariamente el mejor. Emocionar siendo único, sin compararse con nadie más. Aceptar tus contradicciones. Permanecer en el tiempo, ser timeless… Estaba definitivamente enganchado.

5. Mis padres tienen una tienda de barrio.

Nada luxury. En más de 40 años ha sido una juguetería, una droguería, una perfumería y desde hace, varios años, una tienda de ropa para mujer. De pequeño salía del colegio, que estaba al lado, y me sentaba en las escaleras a leer un libro tras otro. El padre de mi padre vendía pulpo fresco en su pequeña tienda familar de Mombuey (Zamora). ¿Qué tiene que ver esto con el diseño o con el lujo? Nada. Pero de mis padres he aprendido lo importante que es implicarse totalmente en tu trabajo y tratarlo con mucho cariño, como si fuera tu bebé. Y a llevarme el trabajo a casa.

6. No tengo coche.

No tengo sofá ni televisor ni mesa de comedor. Vendí casi todos los platos de mi vajilla y casi todos los cubiertos. Mi familia sabe que en Navidad debe regalarme comida (a ser posible, conservas gourmet -mi pequeño guilty pleasure-) porque no me gusta acumular cosas. Me fascina analizar y aplicar los valores y los códigos visuales del lujo pero no soy consumidor de lujo. Soy alguien de placeres muy sencillos. Para mí, mi lujo personal es poder ir en bici a un trabajo que me apasiona y tener pocas cosas pero buenas, bellas e inspiradoras. O al menos deliciosas.

7. Toco la guitarra.

Hace algunos años estaba trabajando como diseñador en el documental de un célebre músico español. Una noche me desperté y tuve una iluminación: ¿Qué había estado haciendo yo toda mi vida? No soy alguien en absoluto compulsivo, pero en ese momento me levanté y me compré online la primera guitarra que encontré. Mi criterio era que fuese bonita y no muy barata, pero resultó que mi nueva Fender acústica negra además sonaba realmente bien. Desde entonces fue mi compañera más fiel. Ya podrían aprender muchas (guitarras).

8. Odio internet.

Y los smartphones. Y a la vez los amo. Mientras trabajo, tengo unos filtros instalados por mí que me desconectan de internet de 9 a 11:30h, de 12 a 14h, de 15 a 17h y de 18 a 20h. Los demás en mi estudio no entienden que me “castigue” así. Pero para mí no es un castigo, es un alivio. Desconectarme no solo me relaja mucho, sino que me parece básico e indispensable para poder crear.

9. Parezco un tipo muy serio.

Y a ratos lo soy. Mucho. Sobre todo en mi trabajo. Pero a la vez uno de mis placeres favoritos es paladear la buena comedia, en especial la británica y la americana. Sobre todo la que ha envejecido muy bien con los años, como el buen vino: Ricky Gervais, Andy Kauffman, Reggie Watts, Louis C.K., Phil Hartman, Conan O’Brien, Larry David, Gerry Shandling, Steven Wright… y en España, Miguel Noguera. La crème de la crème.

10. Juré que no volvería a estudiar.

En 2011, después de 11 años seguidos estudiando, tenía la necesidad vital de dejar de mirarme el ombligo, ponerme a trabajar y ser útil al mundo. Eso hice. Pero mientras trabajaba en proyectos de branding (algunos premiados y otros olvidados -con razón-) decidí profundizar en mundos que me apasionaban: caligrafía artística, tipografía, naming, diseño digital y ecommerce, incluso heráldica… hasta formarme a mí mismo en diseño para el lujo. De alguna manera todo tenía relación.
Mi último “master” es justamente este blog. No pretendo solo enseñar lo que sé, sino también aprender cada día más sobre Luxury Branding. Como se suele decir, “si quieres dominar algo, enséñalo”.

"Si quieres dominar algo, enséñalo"

— (Insertar el nombre de cualquier gurú aquí)